Hablando con los muchachos, me dí cuenta de algo: Hay elementos que retrasan la labor creativa de la banda, y a pesar de que los aportes de dicho elemento son valiosos e incalculables, la balanza se inclina lastimosamente por lo negativo. Teniendo en cuenta que hay planes realmente geniales y que de poner un poquito de empeño se puede sacar el mayor provecho a las oportunidades que tendremos y no cometer los errores de dejar pasar las que nos han tocado, no podemos menos que pensar que hay que salir de lo que sea que nos esté retrasando como banda, como seres humanos y como elementos del sistema vida en general.
Obviamente duele perder a un amigo, a un compañero, a una parte de lo que consideras un ente, un espacio, una personalidad, una parte de tu vida. Pero, desgraciadamente, para poder avanzar en esta vida se requiere un desprendimiento absoluto de los sentimentalismos y de aquellas cosas que te hagan perder impulso. Y ahora, más que un estímulo y una razón de ser, este elemento es una piedra de tranca. Duélale a quién le duela.
Entonces… ¿Qué hacer? ¿Seguir permitiendo que eso ocurra? ¿Tomar una decisión salomónica y acabar con el problema cortando la raíz? Aún los rastros de humanidad me hacen dudar de la desición que habremos de tomar, por más dolorosa que pueda ser. Pero si pensamos en Josephine como negocio, como modus vivendi a futuro y como una parte de lo que son nuestros sueños, no podemos pensar sino como jerarcas, como estadistas, como empresarios y como robots.
Los esquimales se deshacen de los viejos dejándolos a su suerte para que mueran de hambre, sed, frío o comido por los animales. Quizas nos parezca cruel, pero tiene su razón de ser: Los viejos retrasan a los demás de la tribu y no contribuyen en nada productivo, aunque su sabiduría sea invaluable. Pero no comes cuentos, las historias no te cobijan y las experiencias no crían a tus hijos. Entonces, el pragmatismo se impone y la crueldad se hace necesaria.